Portadoras De La Tradición

Las protagonistas

La maceta de alfeñique hace parte de los saberes, habilidades y secretos que reposan en las manos de mujeres y hombres, quienes los heredaron de sus ancestros, para elaborar un ‘dulce símbolo’ de amor que en el mes de junio de cada año es el más apetecido por caleños y turistas.

En Cali se conformó un grupo representado mayoritariamente por mujeres, que se reconocen como un colectivo de artesanas del azúcar, conformado aproximadamente por 100 portadoras, residentes en diferentes barrios de la ciudad. Son emprendedoras independientes, que anualmente se congregan en torno al Festival de Macetas, y para quienes la venta de macetas es una fuente de ingresos para la economía familiar, especialmente en los meses de junio y julio. Este grupo de artesanas han venido recibiendo acompañamiento de la Secretaría de Cultural de Cali mediante talleres y asesoría para fortalecer su gestión cultural y la implementación del Plan Especial de Salvaguardia, PES, de esta manifestación, reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de Colombia.

las portadoras de la tradición

Alejandra Molina

6 años como artesana del azúcar

Aunque Alejandra no proviene de un hogar de artesanas del azúcar, fue ella quien desde hace seis años empezó a forjar su sueño de hacer Macetas. Además, dice que ha involucrado a sus padres, hijos y sobrinos en su oficio porque, “siempre se siente la unión familiar y la emoción de vivir la tradición”.

María Antonia Vergara

60 años como artesana del azúcar

Sus tesoros son sus recuerdos, las vívidas imágenes en comunidad, allá en PuertoTejada, haciendo dulces para que los padrinos regalaran a sus ahijados. Se recuerda a símisma blanqueando el dulce e impregnándolo de colores. Es tan arraigada y añeja sutradición, que al dulce aún le llama melao, como pocas lo hacen. Como muchas mujeresantiguas, tiene su agüero: “A mí me gusta hacer el melao cuando mi familia está en casa,pero no me gusta que venga alguien de la calle, porque me lo daña”.

Libertad Silva

38 años como artesana

Fue su madre quien le dejó el conocimiento y amor por las Macetas, y ella lo compartiósiempre con su esposo, Gilberto, cuya memoria evoca con amor profundo. Recuerda conorgullo las vivencias de procesos de organización de las artesanas, pero solo se le dibujauna sonrisa con los momentos de su niñez: “mis hermanas y yo apostábamos carreras enSan Antonio para ver quién hacía girar más rápido el ringlete”. Tal vez por eso, en muchasde sus Macetas, se ve la antigua capilla de este tradicional barrio de Cali.

Martha Vargas Suaza

11 años como artesana del azúcar

Cuando la invitaron a aprender el arte del dulce de alfeñique, Martha Lucía sintió una conexión con los momentos felices de su infancia, cuando su madrina le regala Macetas llenas de mariposas. Esa conexión se volvió transformó en amor instantáneo por la tradición que comparte en familia y hacia la cual siente un fuerte compromiso. “Es gratificante ser una de las protectoras de nuestro patrimonio cultural”, asegura.

Isabel Terán Vergara

23 años como artesana del azúcar

Dice que cada momento que vive alrededor de las Macetas lo agradece a los saberes de su abuela, a quien le ayudaba, allá en Puerto Tejada, a hacer muñecas de trapo. Y es la imagen de su abuela, siempre emocionada en medio de ringletes y dulce, la que le inspira para continuar ese lindo legado, porque “desde el diseño mismo, esta tradición significa alegría, eso es lo que las artesanas compartimos”.

Mercedes Castillo Cárdenas

10 años como artesana del azúcar

Fue una amiga suya quien la invitó a conocer las Macetas, pero fueron su colorido y sabor los que la enamoraron de ellas. Desde entonces ha compartido todo su aprendizaje y pasión con su hija, quien le ayuda a recortar figuras y construir ringletes. “Comparto lo que hago con mi hija porque nos une cada vez más y porque deseo que ella le siga dando vida a esta tradición”.

Beatriz Caicedo

3 años como artesana del azúcar

Su contacto reciente como artesana lo ha vivido de manera intensa, dice. Siente mucho agradecimiento por la acogida que ha tenido entre sus compañeras artesanas y por eso también ha tenido deseos de compartir lo aprendido con mujeres de su natal Puerto Tejada. “Simplemente me enamoré del dulce y del colorido de las Macetas”.

Luz Agudelo Bravo

artesana del azúcar

El destino de Luz Edith ya había dictado que estaría rodeada de Macetas; nació en un matriarcado que lleva casi un siglo vibrando con las artesanías y el dulce de alfeñique. Recuerda a su abuelita Rebeca compartiéndole trucos para llegar al punto del dulce. Lo que más le gusta de su oficio son las mariposas para decoración porque “ellas representan la libertad que siento cuando estoy haciendo Macetas”.

Kelly Silva Canga

1 años como artesana del azúcar

Lleva más de la mitad de su vida alrededor de las Macetas, recibiendo consejos que le dan su hermana y su madre, también artesanas. Esa es la razón por la cual le fascina continuar con la tradición, porque se vive en familia, porque está cargada de amor y porque es un estímulo profundo para los sentidos: “Todo es bonito alrededor de una Maceta, en cada una de ellas se imprime el más dulce amor”.

Claudia Velasco Grijalba

24 años como artesana del azúcar

Agradece a la abuela de sus hijos por haberle transmitido los saberes ancestrales de las Macetas. Siente que gracias a esto ha vivido momentos memorables en el ambiente familiar, y que son esos lindos sentimientos los que impregnan de alegría cada Maceta. “Mi satisfacción como artesana está en saber que estoy compartiendo algo hecho con todo el amor y la dulzura que hay en mi”, afirma.

Katherine Ayala Aguirre

30 años como artesana del azúcar

Su mente es como un baúl lleno de recuerdos de infancia, tan coloridos como divertidos. Aún evoca el aroma del dulce impregnado en cada rincón de su casa. Por eso se siente responsable de resaltar una tradición que en su familia comenzó por su abuela. “Los caleños y caleñas debemos saber qué son las Macetas, porque su colorido representa lo alegres que somos”.

María Deisy Aguirre

39 años como artesana del azúcar

Se le ve sentimental cuando habla de Macetas. No puede ocultar el amor que le despiertan y la gratitud hacia una cuñada que le quiso compartir los saberes de esta tradición. Se siente orgullosa de las vivencias y conocimientos que ha logrado transmitir a su hija, Katherine. “Siempre he deseado que mi hija mantenga viva la tradición, y sé que así será cuando yo no esté”, dice conmovida.

Rosa Cobo Mosquera

50 años como artesana del azúcar

Nació rodeada de ringletes, entorchados y con el aroma inconfundible del dulce. Se emociona al recordar cómo las Macetas son el legado que le dejó su madre y todo lo que han representado en el seno familiar. Más allá de su colorido, también resalta que le brindan la posibilidad de hacer realidad proyectos para el hogar. “Las Macetas son un pedacito dulce de amor”, dice con cariño.

Martha Ramírez Benjumea

23 años como artesana del azúcar

Para Martha las Macetas significan no solo bienestar y tranquilidad para su hogar, sino la infinidad de momentos compartidos junto a su hijo amado, David, quien la ayuda en la decoración del producto y es un excelente vendedor. Para ella, las Macetas también le inspiran alegría; “me encanta el empoderamiento e independencia de los niños y niñas cuando escogen cómo quieren decorar su Maceta”.

Julieth Páramo Pupiales

20 años como artesana del azúcar

“Recuerdo la imagen de mi abuela en el patio de su casa frente al garabato, estirando una masa cristalina que luego se volvía blanca, eso me encantaba”. Por eso, quizás, Julieth ha tratado no solo de seguir la tradición, sino de investigar y recopilar memorias de las artesanas del azúcar para hacer un reconocimiento a ellas, sus saberes y su legado.

Alexandra Páramo Pupiales

19 años como artesana del azúcar

Heredó el cariño por las Macetas gracias a la tradición que inició su abuela paterna y su madre, Oliva. Siente que la responsabilidad de las herederas del dulce de alfeñique está en conservar aspectos como el dulce o la forma de las Macetas, pero también innovar en la presentación. “Las macetas son amor por mi familia, respeto por las artesanas y orgullo por pertenecer a la generación que debe cuidar esta tradición”.

Mariela Díaz de Gutiérrez

35 años como artesana

De niña solía recibir Macetas por parte de su madrina. Ahora es su madrina quien va por una Maceta en su puesto de ventas en el tradicional barrio San Antonio. “Las Macetas son hermosas, es el más lindo legado que dejo en mi familia” dice orgullosa esta artesana que ha transmitido sus saberes a sus tres hijos y ahora a sus dos nietos.

Aydee Hoyos

32 años como artesana

Esta artesana lleva 32 años haciendo lo que más disfruta, y se siente orgullosa de conservar una tradición que significa amor y felicidad, no solo entre padrinos y ahijados, sino entre toda la familia, incluso vecinos. “En la cuadra donde vivo todos los niños saben cuándo estoy haciendo Macetas, y siempre pasan a pedir que les regale dulce”, relata sonriente.

Diana Carolina Agudelo

20 años como artesana

“Antes las artesanas hacían el dulce y los entorchados allá en la Loma de la Cruz”. Ese es el recuerdo que Diana tiene de cuando era una niña y acompañaba a su abuela, sus tías y su madre, artesanas todas del dulce de azúcar, a vender Macetas. Como quien lleva la tradición en la sangre, a sus 15 años se arriesgó a hacer y vender sus primeras 100 macetas y desde entonces no se ha detenido.

Adriana Carvajalino Castillo

45 años como artesana

Adriana creció en un tradicional hogar de artesanos del azúcar. Esa es la razón por la cual a los 14 años pensó que era el momento adecuado para empoderarse y empezar a proponer ideas novedosas a sus padres. Considera que su misión es transmitir el amor que recibió de niña a través de las Macetas. “En el entorchado de cada Maceta se guardan las historias de los cañeros y las familias de artesanas”, dice con emoción.

Eugenia Canga Valencia

33 años como artesana

Una vecina la invitó a decorar Macetas, y muy pronto ya estaba haciendo el dulce. De repente vio su casa llena de ringletes, dulces y figuritas, y a sus cinco hijos emocionados trabajando en ellos. Por eso afirma que “las Macetas son un aporte para la unión y el bienestar del hogar.

Jackeline Canga

30 años como artesana

En su infancia fue testigo de cómo una vecina le enseñó a su madre a hacer el dulce de alfeñique. Sin embargo, fue su entusiasmo de adolescente lo que llevó a que este saber se convirtiera en una tradición de su familia. “Tanto para nosotras las artesanas, como para las personas que las adquieren, las Macetas representan la importancia del vínculo de amor entre las familias”, asegura.

Alba Nelly Ortíz Moreno

45 años como artesana

Bastó con que su tía-madrina le regalara una Maceta para que Alba Nelly supiera que quería rodearse de ese colorido por el resto de su vida. De hecho, Néstor, quien hoy es su esposo, logró conquistarla porque le ayudaba a armar ringletes. Valora que gracias a las Macetas vive la alegría de compartir con su familia, sin embargo “ver la alegría en el rostro de un niño cuando recibe su Maceta es lo que más satisfacción me da”.

Oliva Pupiales

36 años como artesana

Oliva Pupiales hace parte de una familia con tradición macetera. Oliva comenzó con la elaboración de las macetas hace 36 años, cuando aprendió el oficio que le transmitió su suegra. Aún recuerda las ocasiones en las que se quemaba tratando de llegar al punto del dulce, pero eso le sirvió para perfeccionar lo que considera su arte, que ahora comparte con sus hijas.

Martha Cecilia Ortíz

30 años como artesana

Para ella la tradición de elaborar la Maceta requiere de amor y compromiso. Martha es administradora de profesión y artesana del azúcar por pura pasión, lo que la ha llevado a convertirse en una de las voceras de su colectivo. Considera que ella y sus compañeras son guardianas de un oficio ancestral. “Si no enseñamos y transmitimos nuestra tradición, se muere”, afirma.

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